Releer mi viejo blog trajo tres consecuencias:
1. Descubrí que los errores de la juventud son muy difíciles de borrar.
2. Descubrí que en él hay cosas que valen la pena ser conservados.
3. Recordé que tengo que lavar ropa.
Por otro lado, en la entrada anterior olvidé explicar por qué este blog se llama La segunda noche.
Quería ponerle Segundo intento, pero el nombre ya estaba ocupado.
No importa, La segunda noche es mucho más romántico y estilizado.
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